Ejercitando el corazón

El deporte no es mi fuerte, lo admito. Recuerdo que de pequeña mi profesor de Educación Física me insinuó que me apuntara a alguna extraescolar deportiva ‘para que me moviera’ y me apunté a ping-pong… ¡y porque ajedrez no había! Nunca olvidaré su cara de, cuando te dije deporte debí especificar que quería que hicieras algo ‘más intenso’. Tampoco me gusta verlo en la tele, excepto mundiales y Juegos Olímpicos, en los que me invade el fenómeno fan. Además, recuerdo con angustia la asignatura de la carrera en la que tenía que escribir crónicas deportivas…

Sin embargo, este año, con tantas tardes que llenar, me he apuntado a pilates, y ahora que estoy ‘acabando’ el curso, creo que puedo aprender algo del ligero ejercicio que me ha llevado a hacer, porque lo que viene siendo operación bikini

Ejercita el Corazón (Corpo por CarolLunetta)

Ejercita el Corazón (Corpo de CarolLunetta)

Lo que me gusta del pilates es que, a pesar de estar haciendo bastante esfuerzo físico, a la vez es muy relajante y me permite ‘desconectar’ de todo durante una hora. Las cosas que voy a plasmar en esta entrada son, un poco, fruto de las cosas que pienso mientras estiro las piernas e intento mantener el equilibrio. Cosas que guardan relación con la Fe.

  • Pilates, como la Fe es mucho más fácil en compañía, porque el día que no te apetece ir, tienes otros que te animan y al revés. Además, te alegra ver cómo todos progresan y remáis en la misma dirección. Poder ver cómo empezasteis hace unos meses y todos los avances hasta ahora (como por ejemplo, aguantar 10 segundos más haciendo una plancha). En la Fe sucede algo así, a mí me anima enormemente ver cómo mis hermanos en la Fe avanzan, veo sus historias, los voy conociendo cada vez más, y me animan cuando vivo alguna situación parecida a la suya.
  • No se puede ir ‘a pelo’ a clase, necesitas de una preparación, de preparar las cosas que necesitas, coger el chándal, los calcetines apropiados, la toalla, la cinta para el pelo… porque si no llevas la ropa adecuada los ejercicios no salen bien y cuestan mucho (lo digo por experiencia). Y, de hecho, en la Fe ocurre lo mismo: se requiere de una preparación, en este caso, a través de los sacramentos, como la Confesión, para poder vivir plenamente el resto.
  • Necesitas una guía. No puedes decir, yo hago Pilates pero no voy a clase, que yo solo me apaño bien. Porque probablemente te dañes haciendo un ejercicio y, aunque parezca que todo va bien, puede que estés forzando más de la cuenta o que no estés trabajando adecuadamente y, por tanto, perdiendo el tiempo. Con la Fe pasa igual, cuántas veces escuchamos, yo soy cristiano pero no voy a la Iglesia… necesitamos guías, personas con discernimiento que nos enseñen y nos guíen en nuestra vida de Fe, porque una fe autodirigida no se puede vivir bien.
  • En Pilates ejercitamos muchos músculos. En la Fe, ‘ejercitamos’ el corazón, como si fuera un músculo más, en el ejercicio de la caridad y la oración. Es cierto que al principio cuesta, resoplas, sudas… pero una vez lo ejercitas un poco, todo va rodado. Y es que a la hora de tener que rezar, ayunar, hacer limosna, o dedicar nuestro tiempo a cosas de la Iglesia podemos decir uuuufff… pero es cuestión de ponerse de forma progresiva. Las primeras veces cuesta, sobre todo si has estado mucho tiempo sin moverte, estás todo engarrotado, pero ten paciencia y deja que se vaya amoldando todo, después irás como la seda.
  • Además, en pilates, como en todo ejercicio, se nos presentan las dos caras de la misma moneda. Por una parte estamos cansados de hacer tanto esfuerzo y de hecho, pararíamos, pero por otra, a raíz de hacer ese esfuerzo, notamos una calma y un bienestar que harían que me quedara durmiendo en la esterilla más de un día. Es un tira y afloja a nivel muscular. Con la Fe ocurre algo así, cuesta rezar, cuesta desprenderse de esos euros, de ese tiempo, pero oye… ¿Y lo bien que te sienta después?
  • Pilates requiere concentración, no es algo que puedas hacer y tener la mente en mil cosas diferentes. Tienes que concentrarte en entender los ejercicios, en poner a prueba la coordinación, el equilibrio… tienes que focalizar el esfuerzo en un punto. ¿Podrías hacerlo pensando en otras cosas? Claro, nadie se va a meter en tu cabeza, pero probablemente no hagas bien los ejercicios, no respires cuando toca y acabes perdiendo el equilibrio. Pues con la oración, que es mucho más importante que una clase de pilates, igual. Necesitas poner el foco en lo que estás haciendo, y las cosas pendientes ya vendrán luego, pero la concentración y la exclusividad de pensamiento en el encuentro a solas con Dios son cruciales.

Al final, en la práctica de cualquier deporte, a pesar de la pereza que dé ir, preparar las cosas, sufrir durante la clase… cuando descubres lo bueno que es para ti, no quieres dejarlo y vas más. Lo mismo con la vida de Fe, cuando tienes la gracia de descubrir lo buena que es para ti la Fe… ¡Es inconcebible dejarlo pasar y no contarlo a los demás!

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