¿Quién digo yo que es él?

Daremos el primer paso de este camino presentándonos, para que sepáis bien cómo somos, o mejor dicho, cómo somos percibidos por el otro. Empezaré yo (ella) hablando sobre él y lo haré, aunque no me guste, con un tópico: los polos opuestos se atraen. Aunque les cueste. Aunque uno haga más fuerza que otro. Acabarán atrayéndose… (Aunque pensándolo mejor, más bien diría que es ‘Otra fuerza mayor’ quien ha hecho que al final se atraigan, pero no seré yo quien contradiga las leyes de la física).

¿Quién es él?

¿Quién es él?

En todo caso, si hiciéramos una especie de diferencial semántico, cada uno estaría en un extremo. Si yo digo letras, él dice ciencias, si yo digo bonito, él dice eficiente, si yo quiero acostarme tarde, él se pone el despertador a una hora que yo ni sabía que existía (y esto es un problema a la hora de negociar a qué hora nos llamamos), si digo Murakami, él dice San Agustín, él odia el maíz, yo se lo echo a todo, si yo soy de cerveza, él de agua…

Él ya ha superado la barrera (psicológica) de los 25 que nos separa y que a veces uso como argumento para decir que yo aún soy joven y el es mayor. Su mundo es el de la informática y los números (aunque a mí me salga urticaria) y le gustaría dedicarse a la docencia. Es el mayor de una familia numerosa especial (y hago hincapié en especial porque hoy en día ‘dos son multitud’). Ha leído muchos libros en su vida, ha visto (casi) todo lo que hay en Netflix, y creo que tiene muchos Pokemon. Es un hombre de tener los pies en la tierra y la mirada en el cielo, aunque a veces me enfado porque con dos argumentos de peso tumba mis ‘maravillosas’ ocurrencias antes de que sea tarde. Con él se puede hablar de TODO. Y no es broma, por ahora mirad que he sacado temas de conversación en los que pensaba que no aportaría nada y me equivocaba. No canta muy bien, seamos sinceros, pero tiene sentido del ritmo para hacer palmas, que ya es. Ha sacrificado muchas horas de sueño por hacerme compañía virtual en mis ‘noches de antes de una entrega’ y es el servicio técnico mío y de toda mi familia. Por elección propia, se ha acostumbrado a vivir con pocas cosas, la ropa justa, la habitación más pequeña de su casa… (y vive mucho mejor que yo, que un día los trastitos me echarán de casa). Adora el chocolate. Tenemos casi las mismas dioptrías y le he facilitado la vida diciéndole que me encanta sin afeitar.

Y sobre todo, lo más importante que podría decir de él y que hizo que mi polo ya no opusiera resistencia es que seguro que será un buen marido y un mejor padre.

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