La alegría de la Santidad

Casi sin deshacer la maleta del Campamento, volví a meter en ella mi ilusión y mis preocupaciones para peregrinar junto a mi parroquia a Fátima, para descubrir en María, nuestra madre, el camino hacia a la Santidad.

La Santidad es algo que, de primeras, a mi me viene grande. Es nombrarla y en mi mente aparecen grandes santos, contemporáneos míos, como San Juan Pablo II, Santa Teresa de Calcuta o de siglos pasados y cuya historia conozco como San Francisco de Asís o Santa Clara. Así pues, a la vista de cómo vivieron estos santos, podría decir que la Santidad es algo que no va conmigo, que no es para mí, y con esa idea empecé la peregrinación, como una mera espectadora de cómo otros vivieron, o viven en santidad.

Pastorcilla de Fátimca

Pastorcilla de Fátimca

Sin embargo, a lo largo de estos días se me ha revelado que la Santidad está al alcance de mi mano, es más, que estamos llamados a ser Santos. Y a decir verdad, esto ya lo había escuchado o leído muchas veces antes, no era nada nuevo para mí, no obstante, estos siete días de peregrinación se me ha hablado tanto de ello, que lo he hecho carne en mi vida, y ya nada puede ser igual.

Como nos dijo una hermana de Sor Lucía (una de las pastorcillas a las que se le apareció la Virgen en Fátima) la Santidad consiste simplemente en ser felices, pero no una felicidad cualquiera, efímera, sino la felicidad llena que viene de Dios cuando haces Su voluntad, cuando descubres tu vocación, y la realizas en plenitud. Dicho de otra forma, en boca de una Santa de nuestro tiempo, Santa Teresa de Calcuta:

«Allí donde ‘bote’ tu corazón e intuyas que vas a ser feliz… ése es el lugar preparado por el Señor para ti. La alegría profunda del corazón es la brújula que nos marca el camino que debemos seguir en la vida. No podemos dejar de seguirla, aunque nos conduzca por un camino a veces sembrado de espinas. Entrégate con todas tus fuerzas, sin regateos»1

En este tiempo que estamos viviendo, veo que el Señor nos llama a ser santos en nuestros respectivos trabajos y en nuestro futuro matrimonio, y que debemos fijarnos ese objetivo desde ya, pues vienen tiempos difíciles. Y es que, tal y como anunció Sor Lucía, después de que la Virgen se lo revelara, “La batalla final entre el Señor y el reino de Satanás será acerca del matrimonio y de la familia”.2

Así pues, durante esta peregrinación, también hemos puesto en práctica lo que la Virgen pidió a los tres niños en Fátima: oración, conversión y sacrificio. Sobre la oración, se nos ha entregado el Rosario, como un arma poderosísima para combatir y la cual he redescubierto con gran amor. La conversión es la adhesión al amor de Dios así como la oración para que el mundo se convierta. Y por último, el sacrificio, entendido no como un esfuerzo sobrehumano, demoledor, sino como la aceptación de todo lo que nos viene en el día a día en la bendición (y esto es algo que se experimenta a la perfección en una peregrinación de estas características, donde dormimos en el suelo, comemos de bocadillo siempre, toca andar mucho, los planes se trastocan…).

En definitiva, para mí ha sido un regalo poder vivir, como he hecho años anteriores, de este tiempo de peregrinación junto a mi parroquia. La he vivido con mucha alegría y con cierta tristeza, pues no sé si una vez casada podré vivir más peregrinaciones así. Así pues, no puedo más que bendecir al Señor porque me cuida y me permite vivir con alegría ser Iglesia.

¿Cuál es vuestra experiencia? ¿Habéis estado en Fátima? ¡Nos encantaría que lo compartierais con nosotros!

  • Si quieres conocer más sobre el Mensaje de Fátima, puedes leerlo en este enlace.
  • Si te va más lo audiovisual, este vídeo de May Feelings te resume la historia de Fátima en pocos minutos.
  • También podéis ver este documental que cuenta con detalle la historia de Fátima.

Nota 1 – Santa Teresa de Calcuta (Fuente) Jornadas 2012 Vocacionales, Hora Santa, Conferencia Episcopal.

Nota 2 – Sor Lucía (Fuente) Cardenal Carlo Caffara. AdelantelaFe.

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