Planes

A lo largo de esta última semana me he enfrentado en numerosas ocasiones a esta hoja en blanco de forma infructuosa. Y es que ante la magnitud de los acontecimientos que estamos viviendo en esta última semana enmudezco.

Cada día he tenido presente lo que hice ese mismo día hace una semana, cosas con una normalidad pasmosa, otras que he descubierto como un regalo de Dios y que ahora se me antojan alucinantes. Como la celebración del sacramento de la penitencia en nuestra Comunidad, o la última misa presencial en nuestra parroquia; como ir juntos a hacer la compra y ‘bromear’ con la falta de papel higiénico, como acompañar a mi marido al trabajo, o ir a casa de mi madre a recoger cartas.

Todo esto hoy por hoy es impensable y, en un ritmo de vida tan frenético, con todo tan asentado para nosotros, que tenemos todo tipo de comodidades, a mí me parecía imposible que se tambaleara y paralizara todo de esta manera. Ver que no podemos controlarlo todo, que se nos escurren nuestros proyectos y planes por las dedos, nos hace ver nuestra realidad, que somos creaturas.

Ante esto podemos resignarnos y seguir amargándonos o aceptarlo y acogerlo con amor, sabiendo que, pese a las adversidades, nuestra vida está en manos de nuestro Padre. Y qué mejor día para recordarlo -y, en mi caso, creérmelo de una vez por todas- que este.

Llevaba mucho tiempo sin publicar porque había decidido alejarme de las redes sociales, al menos en Cuaresma, porque no me estaban haciendo bien. Sin embargo, con el confinamiento y el aburrimiento, he vuelto a entrar en las redes con el firme propósito de llevar ‘una relación sana’. Y la verdad, es que, ante tanto bombardeo estos días por WhatsApp de vídeos, memes, cadenas y mensajes, volver a Instagram ha sido encontrar un oasis en el desierto. Porque he descubierto una Iglesia viva ‘online’ con muchísimas iniciativas que tanto nos están ayudando en estos días. He visto desde muchísimos puntos del mundo familias enteras rezando día a día, con familiares hospitalizados o fallecidos que no han podido despedir, madres que han dado a luz en tiempo del coronavirus, novios que han tenido que aplazar su boda…

Sin duda esta Cuaresma está siendo diferente y queremos estar bien atentos a lo que el Señor quiere de nosotros, en esta circunstancia tan particular. No puedo daros ‘tips’ ni consejos para aprovechar estos días porque soy un completo desastre, pero sí deciros que no desfallezcáis en la oración. A nosotros es lo que nos está ‘ordenando’ cada día desde primera hora, y nos ayuda mucho ¡hay tantas cosas, tantas personas por las que orar en estos momentos! Esperemos que esta situación se solucione pronto, que el Señor provea de todo lo necesario a los más vulnerables, que acoja en el Cielo con los brazos abiertos a quienes han partido solos, y que bendiga y proteja a todas aquellas personas que se están jugando la vida por nosotros en su trabajo cada día.

¡Ánimo!

   

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