Juntos es mejor

Uno de los regalos que él me hizo para mi cumpleaños hace unos meses, fue la postal que ilustra la entrada de hoy, un simpático aguacate con un mensaje: Juntos es mejor (y casados ni te cuento).

En ese momento, me pareció muy simpática la postal y pensé en todas esas cosas alegres y felices en las que exclamaría ¡Juntos es mejor! La boda, viajes, celebraciones, decorar un nuevo hogar, comprarnos un coche, la llegada de los hijos…

Juntos hacia Dios

Juntos hacia Dios

Sin embargo, hoy puedo decir “Juntos es mejor” ante un acontecimiento como el que conté en la anterior entrada. Ante una cruz como es la muerte de un padre, un peso inesperado, doloroso, crudo. Sin confetti, sin unicornios, y sin brilli-brilli.

Pero, aun así, qué bueno poder vivirlo juntos. Estamos en una sociedad en la que no es habitual hablar del sufrimiento y del dolor, ni siquiera de la tristeza. Que la ignora y nos anestesia, haciéndonos creer que seremos felices por comprar todos los productos con los que nos bombardean día tras día.

Sería fantástico estar tumbados bajo el sol en una playa paradisíaca, esa que nos venden -a precios desorbitados, por cierto-, o aparecer el día de la boda subida a un Rolls-Royce, o viviendo en un casoplón de lujo. Sí, todo eso sería estupendo. Pero no lo cambio por su mano que apretaba fuerte mientras intentaba asimilar la noticia que me acababan de dar, o sus brazos que me abrazaban cuando venía el llanto, o su atención para que cuidara de mi alimentación y mi descanso en esos días frenéticos. No lo cambio por nada.

Y sí, claro que quiero vivir momentos maravillosos y felices con él. Claro que no es todo tristeza, pero nos ha tocado vivir un acontecimiento así, a tan pocos meses antes de nuestra boda, y creo que todos deberíamos ser conscientes de que estas cosas pueden pasar, que el sufrimiento está ahí.

Si os soy sincera, desde antes de la pedida, yo ya tenía mirados posibles vestidos de novia y en mi cabeza ya rondaba el estilo que quería para mi boda. Ya después de la pedida, empecé a indagar en webs y en foros y descubrí miles de mensajes de todo tipo relacionados con las bodas (y muchos de ellos con minucias y tonterías). En los foros todo era ideal y cuqui, y las mayores preocupaciones era haber encontrado un vestido igual mucho más barato después de comprarlo, no acertar con el candy bar o que el de la imprenta la hubiera liado con la invitación porque la otra fuente script era mucho más mona que la que puso al final. Sin embargo, un día, no sé cómo, caí en el hilo de una chica que se había quedado viuda a los pocos meses de casarse, que contaba su historia, y toda la parafernalia que inundaba el foro, desapareció.

Y es que, cuando decimos Sí al amor, además de todo lo bonito que conlleva, también hay que prepararse para sufrir: el fallecimiento de un ser querido, o de un hijo, la enfermedad, serias dificultades económicas… Como cristianos que somos, hemos recibido muchas catequesis y palabras sobre la cruz, pero ¿y aquellas personas que no? Por eso, creo que tenemos la responsabilidad de anunciar todo esto con nuestros actos y palabras a los amigos o familiares que no hayan tenido ocasión de conocer esta realidad, que la luz no está para esconderla.

Así pues, termino diciendo: Juntos es mejor (¡pero siempre con ÉL!)

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